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La Leyenda Negra como herramienta política

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Por Laura Gutiérrez Franco
El debate sobre la historia hispanoamericana ha vuelto al epicentro de la agenda pública tras las polémicas declaraciones de Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid. Sin embargo, detrás de las declaraciones apasionadas de ambos lados del Atlántico, se esconde una profunda instrumentalización política que busca agitar las emociones de los ciudadanos antes que apelar al rigor histórico.

Qué es la Leyenda Negra

Para comprender este fenómeno, es necesario precisar qué es la Leyenda Negra. Se trata de una corriente de opinión e interpretación histórica, originada en el siglo dieciséis, que presenta una imagen profundamente negativa de España, de su pueblo y de su gestión en el continente americano. Esta narrativa retrata a los españoles como seres excepcionalmente crueles, codiciosos, fanáticos e ignorantes, reduciendo los tres siglos de presencia virreinal a un escenario de opresión, tortura y destrucción absoluta, ignorando cualquier aporte cultural, legal o científico.

El uso político de la Leyenda Negra: El blanco perfecto para la retórica oficial

La insistencia de Claudia Sheinbaum Pardo, Presidenta de México, en exigir disculpas por los eventos de hace quinientos años no es un ejercicio meramente histórico, sino una estrategia retórica calculada. Al revivir de forma selectiva los traumas del pasado, el discurso oficial construye un enemigo ideológico externo e histórico: la derecha española, ligada a la herencia colonial.

Esta narrativa es utilizada por la Presidenta de México para sembrar odio y provocar malos sentimientos entre la gente, dividiendo tanto a los propios mexicanos como a los ciudadanos españoles. Inyectar este resentimiento en el debate público sirve como una cortina de humo ideal para distraer de los problemas contemporáneos, alimentando una polarización artificial en lugar de fortalecer los lazos actuales.

Philip Powell y el desmontaje del mito antiespañol

Frente a esta postura, la Presidenta madrileña Isabel Díaz Ayuso va abiertamente en contra de esa Leyenda Negra, rechazándola como una manipulación histórica ideada para justificar el populismo actual. Para entender la raíz de lo que Ayuso combate, es indispensable recurrir al historiador estadounidense Philip Wayne Powell y su obra cumbre, La Leyenda Negra: Un invento contra España.

Powell define la Leyenda Negra como la difamación de España como nación, basada en la exageración deliberada, la falsificación y el ocultamiento de realidades históricas con el fin de debilitar su hegemonía mundial en el siglo dieciséis. El historiador demostró que fue un aparato de propaganda creado por potencias rivales como Inglaterra y Holanda, y advirtió que el principal problema moderno es que el mundo hispanohablante ha asimilado estas mentiras para utilizarlas como un arma de autoflagelación política.

Desmitificando el Tribunal del Santo Oficio en México según la UNAM

Uno de los pilares más explotados por la retórica oficial mexicana para alimentar este distanciamiento es la Inquisición, pintada comúnmente como una maquinaria de exterminio masivo de indígenas. Sin embargo, las investigaciones del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, la UNAM, desmienten categóricamente este relato.

La UNAM señala que, desde los inicios del virreinato, la Corona Española determinó que los indígenas estaban fuera de la jurisdicción del Tribunal del Santo Oficio. Debido a que eran considerados neófitos en la fe, la ley los protegía y establecía que no podían ser juzgados ni ejecutados por el delito de herejía. La Inquisición en México, por lo tanto, no les hizo nada a los indígenas mexicanos y, por el contrario, los dejaba de lado legalmente para protegerlos de sus rigores penales.

Las cifras de la UNAM y de los registros históricos del virreinato demuestran que, a lo largo de los doscientos ciento cincuenta años de existencia de la Inquisición en México, el número de personas ejecutadas por este tribunal fue sumamente bajo. Los datos documentados señalan que solo hubo cerca de sesenta y ocho personas ejecutadas en toda la historia del Santo Oficio en la Nueva España. De ese total, la cifra de indígenas ejecutados fue de cero. Los únicos casos registrados de forma excepcional ocurrieron en la etapa previa a la instalación formal del tribunal, donde solo dos indígenas fueron ejecutados, un hecho que incluso provocó el castigo del propio inquisidor encargado y la prohibición absoluta de volver a procesar a los nativos. Los juicios de la Inquisición se concentraron en realidad en españoles, criollos o extranjeros acusados de piratería protestante o criptojudaísmo.

El pasado prehispánico y el recordatorio de Ayuso

Para concluir este cruce de posturas, la Presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, cerró sus intervenciones enviando un mensaje directo a la presidenta de México para cuestionar la idealización pacífica del mundo prehispánico. Ayuso instó al gobierno mexicano a mirar los hallazgos arqueológicos del subsuelo del Centro Histórico de la Ciudad de México, específicamente en el número veinticuatro de la calle República de Guatemala, donde las excavaciones del Instituto Nacional de Antropología e Historia descubrieron el Gran Huey Tzompantli.

Ayuso recordó que debajo de ese sitio se localizó una estructura ceremonial con más de seiscientos cráneos, correspondientes no solo a guerreros y hombres adultos, sino también a mujeres y niños sacrificados en rituales religiosos mexicas. Con este argumento, la mandataria madrileña buscó poner en evidencia que la crueldad y la violencia no llegaron con los españoles, sino que formaban parte del complejo entramado cultural anterior a la conquista. De este modo, enfatizó que pretender culpar exclusivamente a España de la violencia histórica es una profunda hipocresía que ignora las prácticas de sometimiento de los propios pueblos indígenas.

La visita de Isabel Díaz Ayuso a tierras mexicanas no fue una simple gira institucional; fue un sacudimiento de conciencias que desató una guerra en dos frentes contra el populismo izquierdista que comparten el presidente español Pedro Sánchez y la presidenta de México Claudia Sheinbaum.

Al igual que Hernán Cortés en su momento, quien rompió con cultos sangrientos y un vasallaje infernal, la presidenta madrileña vino a confrontar el relato oficial con la verdad histórica. Esa misma verdad que los ciudadanos mayores de edad deben elegir hoy para ser libres, rechazando la mentira esclavizante que intenta imponer el poder.

El evidente nerviosismo de Sánchez, al pedir a Sheinbaum que operara para afectar el impacto de esta visita, demuestra que el mensaje caló hondo. Alterar las relaciones bilaterales por mero dogma ideológico solo perjudica a ambas naciones. Al final, el paso de Díaz Ayuso deja una lección nítida: frente a la narrativa de la confrontación, la realidad histórica y los lazos profundos entre México y España son el único camino hacia la verdadera libertad

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