
A pesar de ser uno de los destinos turísticos más importantes del país, las playas de Acapulco presentan una grave deficiencia que pone en riesgo la vida de miles de bañistas: la falta absoluta de señalización universal y protocolos visibles de Protección Civil.
A lo largo de los diferentes puntos costeros del puerto, es evidente la ausencia de banderas informativas, boyas de profundidad y letreros de restricción, dejando a los turistas sin herramientas básicas para identificar si el mar es apto o no para ingresar.
Un peligro invisible: olas, corrientes y profundidad
El oleaje y las corrientes marinas cambian drásticamente de una playa a otra en Acapulco (por ejemplo, de la tranquilidad de Puerto Marqués a la peligrosidad de la zona de open sea en Revolcadero o Pie de la Cuesta).
Sin embargo, actualmente no existen las banderas universales que alerten sobre el nivel de riesgo:
Bandera Verde: Mar seguro.
Bandera Amarilla: Precaución.
Bandera Roja o Negra: Prohibición total de ingresar.
A esta omisión se suma la casi nula presencia de boyas marinas, indispensables para delimitar las zonas seguras y advertir a los nadadores sobre cambios drásticos de profundidad o la presencia de fosas.
Omisión de reglamentación y ordenamiento turístico
La denuncia ciudadana y de prestadores de servicios apunta a que las playas carecen de infraestructura informativa básica que dicte los lineamientos oficiales de seguridad.
Entre las principales carencias destacan:
Restricciones de salud: Ausencia de letreros que prohíban explícitamente ingresar al mar bajo los influjos del alcohol o estupefacientes.
Zonificación de actividades: Falta de delimitación para el uso de lanchas y motos acuáticas, lo que incrementa el riesgo de accidentes entre embarcaciones y nadadores.
Ubicación de rescate: No hay señalamientos claros que indiquen dónde se encuentran los módulos de salvavidas o el personal de rescate.
Autoridades, sin empeño por unas “vacaciones seguras”
”No vemos que ninguna autoridad de los tres niveles de gobierno ponga el verdadero empeño para garantizar unas vacaciones seguras.
Esperan a que ocurra una desgracia para reaccionar”, señalaron usuarios locales.
La implementación de estos protocolos de Protección Civil no es un lujo, sino una obligación legal y moral para evitar accidentes que terminen en pérdidas humanas. Mientras los discursos oficiales prometen temporadas turísticas exitosas, la realidad en la franja de arena demuestra un abandono en materia de prevención que deja la seguridad de los visitantes a la mera suerte.









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