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¿Baja de tasas o espejismo en la cartera?

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Por Laura Gutiérrez Franco
Vaya “trancazo” de realidad nos acaba de dar el Banco de México. En una decisión que dejó a más de uno con la ceja levantada, la Junta de Gobierno decidió bajar la tasa de referencia del 7% al 6.75%. A simple vista, el anuncio suena a música para los oídos: dinero más barato, créditos menos pesados y un respiro para la inversión. Pero, ¡cuidado!, porque en economía no hay almuerzo gratis, y este movimiento tiene tintes de apuesta arriesgada.

El problema es que mientras Banxico suelta un poco la rienda, el “monstruo” de la inflación ya nos está respirando en la nuca. Con los datos de marzo en la mano, la inflación ya ronda el 4.63% y amenaza seriamente con romper la barrera del 5%.

¿Realmente habrá más dinero en tu bolsa?

 Seamos claros: que la tasa baje un “cuartito” de punto no significa que tu tarjeta de crédito o el préstamo de nómina vayan a bajar mañana. Los bancos comerciales suelen ser veloces como un rayo para subir sus intereses, pero lentos como una tortuga para bajarlos.

Mientras tanto, en el mundo real —ese que se vive en los mercados de Guadalajara y en el súper—, los precios no dan tregua. El jitomate, los servicios y la energía están por las nubes. La paradoja es cruel: de nada sirve que el banco te cobre un poquito menos de intereses si el kilo de comida te cuesta mucho más. Lo que te “ahorras” por un lado, se lo queda el cajero del súper por el otro.

Aquí va la advertencia: esta baja de tasas podría ser un viaje de ida y vuelta. Si la inflación no se doma y rebasamos ese temido 5%, Banxico no tendrá más remedio que recular. Se verá obligado a subir las tasas de nuevo, y de forma más agresiva, para frenar el consumo y evitar que el peso pierda su valor frente al dólar.

Estamos ante un equilibrio muy frágil. Bajar la tasa para que la economía nacional no se estanque es una medicina necesaria, pero si se les pasa la mano, el remedio será peor que la enfermedad.

No se me desboquen con el crédito ni piensen que ya salimos del bache. Con la inflación acechando, el dinero en mano sigue siendo poco y lo que hoy parece un alivio, mañana podría ser el pretexto para un nuevo apretón de cinturón. Sobre aviso no hay engaño.

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